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9 de junio de 2020

Racismo: Transformación del Corazón


Racismo: Transformación del Corazón
 
“No podemos tolerar ni cerrar los ojos ante ningún tipo de racismo o exclusión y pretender defender la santidad de toda vida humana” (Papa Francisco)

Las protestas por el asesinato más reciente que surge del problema del racismo continúan mientras aún termino de escribir este blog. En medio del dolor y la tristeza, entiendo que en la conversación acerca del racismo se hace necesario encontrar un camino que conecte tanto a aquellos que sufren de racismo con aquellos que piensan que este problema realmente no les afecta. Es mi deseo que al final de este mensaje, pueda usted encontrar el punto en el que se identifique como parte de un problema que nos atañe a todos.

El racismo genera vulnerabilidad, vergüenza y miedo por la reacción al problema: por un lado, racionalmente se tiende a normalizar y minimizar el racismo, mientras que por otro lado lo vemos como algo que sólo algunos sufren, pero no todos. Es realmente difícil reconocer o hacer visible el hecho de que algunos pueden sentirse superiores que otros, por cualquier motivo. Por muchos años, la Iglesia Católica, Madre y Maestra, viene señalando el racismo como un pecado moral. La carta pastoral de 2018 de la Conferencia Católica de los Obispos de los Estados Unidos (USCCB), Abramos Nuestros Corazones: El incesante llamado del amor, Carta Pastoral contra el Racismo es una de las numerosas formas en que la voz profética de la Iglesia nos llama a todos a unir fuerzas y abordar el problema:

“A menudo el racismo se puede encontrar en nuestros corazones— en muchos casos, puesto allí sin querer o inconscientemente a causa de nuestra crianza y nuestra cultura. Y así, puede llevar a pensamientos y acciones que ni siquiera consideramos racistas, pero que sin embargo se derivan de la misma raíz perjudicial. Consciente o subconscientemente, esta actitud de superioridad se puede ver en cómo ciertos grupos de personas son vilipendiadas, llamadas criminales o percibidas como incapaces de contribuir a la sociedad, incluso indignas de sus beneficios. El racismo también puede ser institucional, cuando se mantienen prácticas o tradiciones que tratan a ciertos grupos de personas injustamente. Los efectos acumulativos de los pecados personales del racismo han llevado a estructuras sociales de injusticia y violencia que nos hacen a todos cómplices en el racismo.” (pág. 5)

El texto de los obispos reflexiona además sobre el versículo 5 del capítulo 6 de Deuteronomio, en el que Moisés presenta el gran mandamiento al pueblo de Israel: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas" (Dt 6, 5). En este texto el corazón converge poderosamente para equilibrar la razón, el cerebro y la pasión para motivar y dirigir la acción. El corazón informa las fuerzas humanas y se une al alma para buscar la trascendencia. El amor por Dios y de Dios tiene entonces sentido cuando abrasa completamente la mente y el alma y no únicamente cuando se siente o es "razonable", sino cuando la unidad de ambos está en acción. Nuestra permanente lucha para abrir nuestro entendimiento humano al misterio trinitario ejemplifica muy bien cómo podemos hacer que nuestros corazones alcancen a comprender a tres Personas en Un Solo Dios, o entender cómo es posible que muchos talentos y dones diversos puedan ser parte de un mismo Corazón, Un solo Cuerpo de Cristo.

El corazón de Jesús usó inteligencia, empatía y compasión para conectar y comprender a sus interlocutores, desafiándolos con gran inteligencia y también gran sensibilidad. Al enfrentar preguntas acerca de la importancia del tributo al César y sin necesariamente ser un experto en impuestos, Jesús supo responder con inteligencia "racional", atribuyendo el valor a lo material (Mt 22:21); y también se conmovió ante el llanto de una madre por su hijo muerto, volviéndolo a la vida y compartiendo la alegría de la madre (Lc 7,11-15).

En la encíclica Haurietis Aquas de 1956, sobre el Sagrado Corazón de Jesús, Pío XII explica que en el Corazón de Jesús,

"... los sentimientos estaban tan en conformidad y tan en armonía con su voluntad del hombre, esencialmente lleno de caridad divina, y con el mismo amor divino que el Hijo tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo, que entre estos tres amores nunca hubo falta de acuerdo y armonía ”(HA, 40).

A la luz de los eventos tristes y violentos de los últimos días, vale la pena comprender y reflexionar que el racismo no es algo innato, sino una actitud que adquirimos a través de enseñanzas, prejuicios, estereotipos o percepciones construidos a través de los años, por patrones de comportamiento que todos perpetuamos, construimos o mantenemos, sea consciente o inconscientemente. Ya que son adquiridos culturalmente, la buena noticia es que los prejuicios y estereotipos también pueden ser desaprendidos. Ciertamente, eso puede venir de un corazón que imite al Corazón de Jesús, que reoriente las fuerzas del corazón para desaprender lo aprendido erróneamente.

El aprendizaje cultural transmite poderosamente comportamientos sociales que provienen de los lugares a los que pertenecemos. Ya que responde a un sentido de pertenencia, el aprendizaje cultural nos da la confianza de que a través de ese aprendizaje podemos realmente conocer el mundo, ese aprendizaje nos ayuda en la interacción con otros, moldea nuestro comportamiento en público y, sobre todo, nos da información valiosa sobre los peligros de la vida. El conocimiento académico desconectado de la vida social carece de práctica, así como las experiencias, los sentimientos y el conocimiento empírico del mundo necesitan un rigor académico para tener sentido en el conocimiento racional. Las percepciones negativas sobre los que están fuera del grupo (cultural) son prejuicios y los estereotipos caracterizan a las personas asumiendo su comportamiento. Todo esto puede ser cambiado y reaprendido.

El corazón, en el sentido de que Jesús nos enseña con su propia vida y ministerio, es el motor que ayuda a integrar lo que sentimos (o no sentimos) y sabemos (o lo que no sabemos). Una actitud transformadora viene del corazón: reconociendo una realidad puede transformarla, utilizando todas las fuerzas o recursos humanos, unificando mente y emociones. Por lo tanto, es posible desaprender el racismo con el corazón, abriéndonos a un proceso genuino e intencional de "desaprendizaje".

Durante su ministerio, Jesús llevó la enseñanza del Antiguo Testamento a la perfección al agregar un nuevo mandamiento al pasaje del Deuteronomio que revisamos anteriormente: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". (Mt 22, 39). Como nos explica la Carta Pastoral de los obispos, “este mandato de amor nunca puede ser simplemente un “vive y deja a otros en paz”. El mandato del amor requiere que hagamos espacio para los demás en nuestro corazón." (p.19). Un corazón lleno del Espíritu Santo puede liberarnos del racismo al integrar mente, alma, espíritu, fuerza y pasión para discernir nuestra participación en el círculo vicioso generacional y del pecado del racismo.

El amor y el conocimiento de Dios sucede cuando nos abrimos al otro, más allá de cómo luce una persona. Mi experiencia de racismo es probablemente menos dura que la de muchos de mis hermanos y hermanas que han experimentado el racismo, ya sea por el color de su piel o simplemente porque se ven "diferentes". Pero desde una perspectiva personal, la parte más difícil de enfrentar el racismo ocurrió al tener que explicar, admitir y compartir ese ciclo injusto de opresión con mis hijos. Como padre, fue extremadamente doloroso darme cuenta de que mientras persistan el racismo, los prejuicios y los estereotipos no viviremos plenamente la dignidad humana, ni yo ni mis hijos. Al unirnos al poderoso Sagrado Corazón de Jesús este mes de junio, elevo mi petición para que Su Sagrado Corazón nos guíe e inspire a soñar con un cambio de corazón en cada familia y persona en este país y el mundo.

 

El pecado del racismo nos llama a la conversión personal y profunda. Hoy más que nunca pedimos que los corazones se abran al amor de Dios. Unidos en oración buscamos en estos cantos una forma de elevar nuestra oración por el fin del racismo:

 

Para continuar reflexionando al respecto de este grave problema que nos afecta a todos, sugerimos revisar los siguientes enlaces:

 
Carlos Castañeda
Carlos Castañeda
 

Carlos Castañeda tiene una extensa carrera como líder pastoral, tanto en entornos parroquiales como diocesanos. Su experiencia como comunicador profesional también ha contribuido a enriquecer su carrera con la creación audiovisual y con la creación de dinámicas presentaciones a líderes y grupos del ministerio, en temas como comunicación intercultural, discipulado y evangelización. Carlos tiene una Maestría en Comunicaciones (Marist College) y una Maestría en Ministerio Pastoral (Boston College).